lunes, 5 de mayo de 2014

¡Gañanes!, un juguete de Rol épico-rural.

Ya se han visto por aquí varios juegos de la línea “Cliffhanger” de la pequeña editorial Ludotecnia pero aún no se había tratado su primera incursión y creemos que es conveniente solucionar esto. Hoy os traemos: ¡Gañanes!, un juguete de Rol épico-rural.




Creado por José Feliz Garzón y publicado en 2010 por la mencionada editorial destaca sobre todo por su sencillez, su diversión y su humor. Como su propio nombre indica los jugadores interpretan a una serie de gañanes de pueblo, a cada cual más borrico y campestre, con los que vivirán continuas aventuras y desventuras en las que lo mismo tienen en robar las gallinas de Lucrecio  - ese magnate de los huevos del “pueblo dal’lao” – que intentar conquistar a unas mozas que vienen en el “autobús del amor” a por los solteros del pueblo – con eróticas consecuencias -.
Su sistema de juego es sobradamente conocido por los habituales de la línea “Cliffhanger”, el llamado sistema madre. Estimada la dificultad de la acción a realizar, se hace una tirada de D10 y se debe sacar lo mismo o más de lo que se tiene en esa característica/habilidad. Cuanto mayor sea el número que el jugador saque, mejor realizará la acción. Por ejemplo, el DJ – llamado en el juego “El Pregonero” – estima una dificultad de 7. Se tira un D10. Si se saca 7, se realiza la acción pero por poco. Si se saca 9, se realiza la acción sobradamente y con estilo. Si se saca 1, se cometerá una estrepitosa pifia.



Los personajes son sencillos y divertidísimos de crear. Consta de 5 características principales cada una de las cuales tiene una amplia variedad de habilidades vinculadas a ellas, exceptuando la característica conocida como “Cojones” que es algo así como un comodín, el poder realizar una acción más por empeño – cojones, vamos – que por tener dicha habilidad. A esto se suma una lista de clases – desde “alcalde” pasando por el “jubilado” hasta el “tonto” del pueblo – que dan una serie de ventajas/desventajas iniciales en las características.
Algo importantísimo es el nombre de nuestro personaje. Este no es sólo un nombre, sino todo un ritual de presentación. El nombre lo elegirá el jugador pero a éste se le debe añadir la procedencia familiar – cuanta más generaciones se remonte el jugador más castizo será -. A continuación vendrá el mote el cual será consensuado por los demás jugadores de la mesa, así que espera algo ofensivo o insultante y, por último, el mote con el que es conocida su familia. Esto puede dar lugar a presentación delirantes como, por ejemplo: Me llamo Cesáreo Márquez Monchón. A sus pies. Claro, ¡Cesario el picalagartos, el de la Angelines! ¡La de Avelina! ¡Avelina, la del pelacabras! ¡De los espantamoscas de toda la vida! ¡ESE!
El combate es rápido y eficaz. Tiradas enfrentadas de la misma característica que se utilice. Hay dos modos de combate: A guantazos y con armas.



En el primero encontramos una doble modalidad. Con la mano abierta es un curioso sistema creador para zanjar discusiones entre los diferentes personajes. Uno da el golpe y el otro recibe, esquiva o devuelve según el éxito de las respectivas tiradas. Esto no ocasiones daños, sólo deja aturdido al receptor y zanja la discusión por completo ganando el que ha soltado el guantazo.
¡Dar, pero con ganas!  Permite golpear y hacer daño. Aquí podemos utilizar artes marciales de campo – lucha leonesa, por ejemplo – o algún tipo de arma blanca, piedra, artilugio de campo, etc. que esté a nuestra disposición. El sistema es el mismo, tiradas enfrentadas pero se le añade dos modalidades ¡Pa´haberlo matao! donde se realiza una tirada y, si se tiene éxito, se puede elegir no matar al rival, sólo incapacitarlo; Y ¡Pos sí que los has matao! en la que al perder un número X de daño, el golpe es tan fuerte, que se va la mano y el golpe es demoledor.
En el combate con armas se puede encontrar un surtido suficiente de por armas de fuego, con su correspondientes tablas de daño y de dificultad según las condiciones. Decir que es un modo sumamente letal y que está diseñado para que, de un buen tiro con una escopeta de caza, el adversario no pueda casi contarlo.
Dejando un buen espacio para su desarrollo aparecen unas secciones fundamentales para el desarrollo de las partidas en su plenitud. La primera de ellas hace alusión al pueblo, pueblos vecinos o ciudades cercanas al lugar de origen de nuestros gañanes, exponiendo el clima, las rencillas, los elementos básicos que debe de tener cada uno de estos lugares como las fiestas, las comunicaciones, el lenguaje, etc. Seguidamente, se presenta un compendio de personajes, una guía para el director en donde puede comprender la idiosincrasia de cada uno de los peculiares habitantes de este mundo gañan y así poder interpretarlo y añadirlo en las aventuras. Por último, una serie de pequeñas ideas para aventuras, y otras un poco mejor bocetadas, que pueden proporcionar horas y horas de diversión a los jugadores que se atrevan a internarse en este juego.



La única pega que se le puede echar en cara a ¡Gañanes! son sus ilustraciones. Desde la confusa portada hasta las pobres ilustraciones de dentro echan un poco para atrás el divertido trabajo aunque, evidentemente, esto se debe a la búsqueda de un precio asequible que hace que se tenga que recortar en algo.
¡Gañanes!, por tanto, es un juego divertidísimo, muy ameno, rápido y fácil, con un precio ridículo y que puede servir tanto para la introducción al mundo del rol de gente que nunca haya jugado como a jugadores más veteranos que, simplemente, quieran desconectar de la seriedad y solemnidad en las que muchas veces se ven envueltos algunos juegos.

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