miércoles, 16 de abril de 2014

Terra 2: El diario de Ethan Altver - Introducción


¡Buenas de nuevo!

Nos complace mucho anunciar que a principios de este verano saldrá a la luz la segunda edición de Terra 2. Principalmente, la razón que nos ha llevado a continuar con el proyecto es la ilusión y la demanda con la que se recibió la primera edición, que se agotó en el primer mes y muchos nos preguntaron cuando podrían adquirir un ejemplar. Sabemos que nos ha tomado tiempo, pero queríamos hacerlo bien. Así que decidimos dar el siguiente paso, y no limitarnos sólo a darle al botón de reimprimir. Hemos maquetado todo el manual desde el principio, revisado erratas y optimizado las imágenes para darle un acabado más profesional y agradable a la vista. Sinceramente, ¡esperamos que os guste y que nos apoyéis con tanta determinación como lo habéis hecho hasta ahora!

Además, nos hemos propuesto lanzar una serie de relatos cortos de forma periódica, con la intención de relatar desde un punto de vista algo más cercano la mayoría de los acontecimientos importantes que tienen lugar en el trasfondo del juego. Eso si, advertidos quedáis...¡habrá spoilers para todos!

Aquí os dejamos una primera introducción para ir abriendo boca. ¡Estad atentos al blog, ya que habrá nuevos capítulos bastante a menudo!

¡Gracias a todos por hacer esto posible!



El diario de Ethan Altver (I)

Los barcos se mecían, entre azules y dorados, en la amplia y hermosa bahía. Ella por fin había aceptado, no sin largas reticencias, mi invitación. El lugar era de ensueño. Una terraza bañada por el tibio sol del atardecer, un cómodo sillón con una mesita, un café, y la mujer que me había arrebatado cada suspiro del corazón durante toda mi vida. El aire soplaba con dulzura, acompañando las miradas y un cielo anaranjado que aún se resistiría a la fresca noche un par de horas.

Ella, por decirlo de alguna manera, me fascinaba. Se llamaba Ariadna, y era la viuda y heredera del imperio más grande del mundo. Yo no había visto una mujer más hermosa en toda mi vida. Su mirada era triste y a veces lánguida, de ojos oscuros, profundos y maternales. Habría perdido la ilusión por la vida, o hecho alguna locura, de no ser por su hijo. Se llamaba Simón, como su padre, y ya contaba con casi una decena de años cuando lo vi por primera vez. He de decir que la historia de Ariadna Creta es triste, al menos casi tanto como la mía.

Así que allí me encontraba, nervioso y engatusado, frente a ella. No hablaré más de su busto o su semblante, o de su perturbadora y tímida sonrisa, pues temo desviarme de lo que es verdaderamente importante. Se sentó de forma elegante y grácil, como si su cuerpo no tuviera peso y el viento la meciese donde quisiera. Apenas aparentaba los cuarenta años, y yo ni siquiera me sentía capaz de sostenerle la mirada.

-Así que, señor Altver, ha venido usted a engatusarme.

Miré a través de la barandilla que daba al a había. Respiré hondo y le dediqué la mejor de mis sonrisas. Nuestra relación nunca había sido demasiado íntima, muy a mi pesar, pero tampoco esperaba que me tratase de una forma tan formal.

-He venido a contarle una historia, Majestad- Dije con prudencia.

-Una historia para engatusarme y convencerme. Aún así, me gustan las historias.

Me sonrió. Yo di un largo sorbo a la exquisita taza de café, para relajarme un poco y ordenar mis ideas. Me miró con calma, como si yo tuviese respuestas que ella desconocía. Le devolví la sonrisa y, dejándome llevar, miré de nuevo a la Bahía y comencé mi relato.

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